Experiencia de Usuario


Una de las tantas diferencias que tenemos las personas del resto de los animales es que estamos el 100% de nuestra vida usando productos. Desde que nacemos hasta que morimos, mientras estamos despiertos hasta cuando dormimos.


Nuestra interacción con objetos pensados para cumplir alguna función es constante. La cantidad de información que se aloja en nuestra cabeza para saber qué botón apretar o cómo posicionarse para usar un productos es incalculable.

Ahora bien, si esto es así deberíamos suponer que todos los productos que nos rodean están pensados para ser utilizados específicamente por el destinatario final y por consiguiente debería contener la información, distribución e interfaz necesaria para poder ser usado con facilidad.

Todos tenemos en nuestro catálogo personal de experiencias recuerdos que van desde estar mucho tiempo sin saber cómo usar un producto, sentirse frustrado por no poder utilizarlo bien o haber tenido una sensación de satisfacción inigualable.

6

Donald Norman, un investigador de ciencia cognitiva pionero en estudiar  la importancia del diseño centrado en el usuario, afirma que: “Placer y utilidad deben ir de la mano; no nos limitamos a usar un producto, sino que establecemos una relación emocional con él.”

Un buen diseño debe ayudar a las personas a realizar una lectura rápida y eficaz de los productos y sus partes, pero también debe establecer relaciones emocionales positivas que le permitan interactuar correctamente disminuyendo márgenes de error en su interpretación y uso. Promover procesos de interacción y retroalimentación acelera las experiencias satisfactorias que generan sentimientos positivos al producto y por consiguiente a su marca.

 

ESP. DI Sebastián Dovis